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El trabajo minero

El trabajo en el interior de los pozos era arduo y frecuentemente incómodo. Las huellas dejadas a lo largo del recorrido vertical de los pozos por las herramientas utilizadas en la extracción de sílex y tierras, así como las repisas, estrechamientos, entrantes o covachas, orificios, pates y vetas perforadas, dan testimonio de las condiciones del trabajo subterráneo.

Las condiciones extractivas se complicaban a medida que profundizaban. En las paredes de numerosos pozos quedaron marcadas las huellas del utillaje minero utilizado en el transcurso del trabajo. Las diferencias en la longitud, inclinación y formas de estas marcas son indicativas del proceso de excavación a distintas profundidades.

Para subir y bajar por los pozos debían utilizar maniobras de “destrepe” similares a las utilizadas en la actualidad por escaladores y espeleólogos: destrepe en X, en L y ramonaje. Todas ellas eran posibles gracias al reducido diámetro de los pozos, que varía de 0,85 a 1,50 m, lo cual nos permite asegurar que el trabajo llevado a cabo en el interior de cada pozo era individual.

En las paredes, además de las huellas, se conservan ocasionalmente distintas evidencias de las labores mineras, como algunas oquedades o pates realizados en las paredes para insertar los pies al ascender y descender. Además, la combinación de pequeñas repisas dejadas a tramos en las paredes con ligeros estrechamientos facilitaba el tránsito por el pozo.

Los grupos mineros empleaban distintas herramientas para la excavación de los pozos, para la extracción del sílex y para su talla.

Para la excavación de los pozos utilizaban picos de sílex y para romper los grandes bloques de piedra y las vetas manejaban cantos de cuarcita de muy diverso tamaño, que se traían expresamente del río. También usaban cuñas de sílex para descalzar los grandes nódulos que después llevaban a la superficie, donde se tallaban con el objetivo de fabricar los productos que necesitaban: las láminas.

En una zona concreta del yacimiento se ha documentado la explotación intensiva de las vetas de sílex en extensión y a diferentes profundidades, dando lugar a dos pisos de excavaciones laterales a modo de galerías extremadamente angostas, irregulares y estrechas, que comunican en algunos casos hasta 11 pozos. Este sistema de pozos y ‘galerías’ era el resultado de aprovechar al máximo una veta de sílex, quizás especialmente apto para tallar.

Además, hay evidencias de la extracción de grandes nódulos en los laterales de los pozos, principalmente en las zonas profundas, que dejaban en las paredes entrantes y covachas irregulares. Probablemente alzaban los nódulos con ayuda de escalas, cuerdas y cuñas de madera, pero los objetos de este tipo, fabricados con materiales orgánicos, no han perdurado.

En un caso se han documentado en la boca de un pozo dos orificios más o menos circulares enfrentados, que han sido interpretados como la sujeción para un travesaño a modo de cabrestante o cilindro de madera que facilitaría el ascenso de la carga hasta la superficie.

Los pozos se rellenaban con la misma tierra extraída una vez obtenido el sílex, incorporando los desechos de la producción lítica resultantes del trabajo de talla realizado en el entorno. Es previsible que de esta forma se evitaran en lo posible accidentes y caídas.

Minero sacando tierra de un pozo.
Ilustración: Juan M. Álvarez Cebrián.
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